Nací en Sevilla, mientras los médicos del hospital miraban con un ojo a mi madre y con el otro la final de los Carnavales de Cádiz. No se me pegó la gracia, pero me gusta esa anécdota.
Luego, una de esas infancias premonitorias: grababa entrevistas imaginarias, narraba los partidos de chapas que echaba contra mí mismo en el salón de casa y le sacaba ‘cortes de voz’ al Rey León poniendo la grabadora de mi tía al lado del altavoz de la tele. Luego sacaba sus palabras de contexto, con la ventaja de que Simba nunca se quejaba.
A los 15 años, hecho ya todo un hombre pardillo adolescente que no se comía una rosca, me junté con unos amigos del instituto para hacer un programa de radio semanal en la emisora local del pueblo de al lado. Con cambios y renovaciones de formatos, personas y temas, estuve 4 años ininterrumpidos explorando el medio que más me apasiona. Nunca he disfrutado tanto como entonces.
La Facultad me cambió la vida. Y no sólo porque la nota de entrada me subiera la autoestima. Vino la LOU, las contradicciones y los baretos, fuimos a limpiar chapapote, me cagué en la espiral del silencio porque me la enseñaron demasiado pronto y desahogué el fracaso del programa de estudios con prácticas y más prácticas, colaboraciones y más colaboraciones: COPE, Radio Voz, Radio Intereconomía, Onda Cero, cbsevilla.com, Radio Sevilla (SER), CafeBabel.com, el periódico de la Facultad… Y todo de gratis, claro.
Y después, la tele. Tras un par de carambolas, me vi copresentando Las 1001 noches. Entrevistas, cortos, sexología, debates, música… Lo de la ‘cuarta pared’ no me acababa de convencer, pero aprendí muchísimo en aquellos dos años.
Andaba por tercero de carrera y la típica angustia vital de joven burgués universitario empezaba a consumirme más de lo deseable. Tenía que huir. Destino: Erasmus. Un año rascándome la barriga al son de la lluvia en Leeds, ciudad horrible con campus maravilloso. Aprendí a diversificar mis aficiones, preocupaciones e inquietudes. Me ‘desenchufé’ del mundo real y todavía lo llevo arrastrando. Entonces hice mis primeros pinitos con lo audiovisual: los cortos Performance y The appointment.
Y, ya de vuelta, había que buscarse las papas. Más de un año de prácticas con turno de noche para poder llegar a ser redactor de informativos de la Cadena SER y, durante unos meses, guionista y reportero en La Ventana.
¿Qué pasa cuando alcanzas a los 23 lo que llevas anhelando con todas tus fuerzas desde los 12? ¿Qué hay después?
Pues en ello estamos: aventura, cambio de aires. Expo Zaragoza 2008. Internet. Blogs. Producciones. Lo que ya habéis visto arriba. Aunque igual que los médicos tenían un ojo en los Carnavales pero otro en mi madre, yo mantengo uno vigilando a mi vocación: para que no se me escape.



