La baba en la pluma
Published by juanlu Abril 18th, 2008 in general.Artículo de Daniel Anido, director de la Cadena SER.
Son de ilustres burgos, ansones, losantos, pejotas, usias y alguna que otra schlichting, pero segregan ese líquido viscoso y corrompido por la comisura de sus parpados, acentuando el asco que desprende su mirada.
Tenemos que mirar sus caras, seguir con atención el recorrido; ver como avanza ese residuo pútrido que desciende por los pliegues hasta la boca, como carcome gota a gota su lengua relamida; como la inunda y luego la desborda, para proseguir su camino hasta la mano pegajosa que sostiene la pluma y derramar allí toda su miseria.
Cuando fluye toda esta baba compartida y el periodismo se acojona, estos mirones clandestinos, estos fetichistas de la mugre, se proclaman profetas con derecho de pernada, levantan púlpitos con barrocos tornavoces, apoyan sus falanges en el antepecho, despliegan su abyección más tenebrosa y corrompen el espacio compartido.
Cuando el periodismo se acojona delante de estos usurpadores del oficio, la cloaca extiende su dominio, se adueña de la plaza pública y construye allí su pasatiempo favorito: el juego delictivo del insulto, donde prevalece y se premia la discriminación por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social, como pueden ser la orientación sexual, la fe o falta de ella, la ideología, la gestación, la edad, el nombre o el apellido.
Cuando el periodismo se acojona delante de estos mediocres, que confunden la baba con el intelecto, nuestra profesión pierde el futuro; los ciudadanos, su libertad, y la democracia, el sentido.
El periodismo tiene que hacer frente a la contaminación que desprenden estos exhibicionistas de la baba en la pluma, a la perversión que esconden bajo el necesario paraguas de la libertad de expresión.
Son previsibles. Se plantan delante de sus víctimas y abren con rapidez sus gabardinas, dejando ver su desnudez intelectual. Pero, son cobardes. Si les plantamos cara, mirando fijamente sus despojos orgánicos, señalando con el dedo su minusvalía y mostrando nuestro desprecio con una sonora carcajada, que al tiempo alerte al resto de la ciudadanía, salen corriendo a esconder sus complejos y sus colgajos… en el fango.
(A ellas, que sufren estos días el maltrato de quienes quieren robarnos el oficio: disculpas.)





Me parece un artículo deleznable, independiéntemente de las opiniones que cada uno tenga sobre el nuevo gobierno, cae en los términos que reprocha a los demás. ¿Dos varas de medir?
La mejor manera de observar este escrito (no puedo llamarlo de otra forma) es la compasión. Compasión hacia quien no puede sentir sino odio hacia la discrepancia. Por más que discrepe tanto de la forma como del estilo, creo que la libertad de expresión necesita ser defendida, incluso para que vómitos en prosa de odio y asco al adversario, tengan asiento en nuestro espacio de libertad y podamos sentir toda la pena hacia quien tiene el alma tan corrompida como el firmante de esta cosa.
Yo también me sensibilizo con aquellas mujeres que son y seguirán siendo, por desgracia, víctimas de ataques gratuitos, injustos, insensatos, bochornosos…
Un artículo sencillamente genial
El carácter progresista no sólo radica en las ideas que se defienden, es igualmente importante la forma de defenderlas, y ello incluye el lenguaje. Se puede hablar de lenguajes progresistas y fascistas. Desafortunadamente, Daniel Anido ha caido en la tentación de usar un lenguaje fascista para combatir a los fascistas.
Algunas metáforas no son sólo desafortunadas, además son peligrosas: por ejemplo, atribuir una “minusvalía”, aunque sea moral, a los Losantos y compañía, y después pedir que se la señale con el dedo y desprecie con una sonora carcajada.
Por favor, no nos dejemos llevar por la crispación porque puede llegar un momento en que esto se convierta en una guerra de insultos en la que ya no haya ninguna diferencia sustancial entre un bando y otro.
Creo que este señor en parte tiene razón, pero esto no viene de ahora. El 85% del periodismo en general solo se ocupa de transmitir el caos y la confusión en el 95% de sus noticias a los ciudadanos y meter miedo a la gente para sus propios inetereses. Podríamos llamarles mercaderes del caos y la confusión y realmente viven de ello. En realidad la culpa de esto lo tienen la escuela de la siquiatría (actualmente en decadencia) y la propia envidia de cada uno de ellos. Aunque parezca extraño, gran número de periodistas han pasado por estudios de siquiatria y saben cómo se manipula a la gente para sus propios intereses y por su puesto esto es peor en los siquiatras, llenando de drogas médicas a sus pacientes para hacer nuevos esquizofrénicos y de esta forma pedir ayudas para nuevos siquiátricos y seguir chupando del bote.
¿mande?
Si ves a Anido le preguntas dónde están los suicidas, que yo aún los estoy buscando.