1998 - el año en que nació Epi
Published by juanlu Marzo 31st, 2008 in blogs, egofagia.Este post va con meses de retraso. Debía haber salido publicado antes del Festival ZEMOS98 10a y lo hace después. Pero sirva como homenaje, para su vuelta al futuro trascienda al tiempo del propio evento.
Este es un relato púramente personal y quizá demasiado íntimo para exponer en este blog. Pero a la vez es una aportación a un proyecto colectivo en forma de meme puesto en marcha por los compañeros de ZEMOS98, que en su décimo aniversario lanzan una pregunta a quien quiera contestarla: ¿Dónde estabas tú en 1998?
No tengo la memoria de Tíscar, que ha clasificado por meses su experiencia. No tengo una historia anacrónica y divertida que contar, como Sofía, que por entonces vivía en un colegio internado. Ni siquiera desayunaba gofio, como Felipe. Para complicar más las cosas yo los años los divido por ‘temporadas’ o ‘cursos’, como Rubén y como Blanca, con lo que me resulta difícil saber si algo ocurrió en 1998, 1997 o 1999.
Lo que sí sé es que 1998 fue el mejor año de mi adolescencia. El epicentro de un terremoto interior que me cambió la vida justo cuando más lo necesitaba. Cuando 1998 comenzó, yo llevaba 5 años viviendo en Valencina y tenía 14 años. Eso significa que estaba en 3º de ESO. Sin demasiadas dificultades, para qué nos vamos a engañar. No era lo que se dice un empollón puro, porque estudiar no estudiaba nada, pero sí era lo que viene siendo el clásico pardillo lacio de un metro noventa y con un punto repelente. Entre mis preocupaciones, la posible extradición de Pinochet o la polémica sobre la indumentaria en el IES Fernando Herrera, por ejemplo.
Pertenezco a esa promoción a la que le pilló a contrapié la reforma de la ESO. Así que hice 7º y 8º de EGB y después 3º y 4º de ESO. En Valencina no había instituto para la ESO, pero sí dos colegios: El Algarrobillo, al que yo iba, que estaba en el extremo del pueblo más cercano a las urbanizaciones y casas nuevas; y el Cristo Rey, que estaba en la parte opuesta del pueblo, donde Valencina no es simplemente una “localidad dormitorio” sino un pueblo de verdad. Con la llegada de la ESO, unificaron la primaria en El Algarrobillo y convirtieron al Cristo Rey en el instituto de secundaria de todo el pueblo. Aquello supuso la unión de dos universos totalmente diferentes: para los de El Algarrobillo, los del Cristo Rey eran unos cazurros; para los del Cristo Rey, los del Algarrobillo eran unos niños ricos pijos. Aquel encuentro tan necesario de realidades y estereotipos fue muy fructífero y a él le debo entre otras muchas cosas un amigo, un hermano.
Al refundarse el colegio en instituto, estaba todo por hacer. Lo único que valía era el edificio. Teo, Gonzalo y yo fuimos los primeros representantes de los alumnos en el consejo escolar del instituto, ayudamos a redactar el ROF y encabezamos una lucha encarnizada contra el profesor de Religión (un tío pro-teoría de la liberación, buena gente, interesante, a pesar de todo) para evitar que el nuevo centro heredara el nombre del anterior, Cristo Rey, por sus connotaciones religiosas y fascistas. Se me ocurrió decir en una reunión de delegados de clase que ponerle Cristo Rey al centro era como ponerle a un instituto en Bilbao ‘Euskadi y libertad’; que podría sonar muy bonito, pero que a nadie se le escapa que es el nombre de ETA. Una hora después el profesor de religión se presentó en mi clase para poner su cara muy cerquita de la mía. Comenzó una guerra abierta en la que el profesor de Lengua, José María, era nuestro mentor. José María nos trataba ‘de tú a tú’, era joven, jugaba con nosotros al baloncesto y nos soltaba frases como “la modestia es el opio de los mediocres” o “tú no eres tan inteligente; en el país de los ciegos, el tuerto es el Rey”.
En cualquier caso, evitamos lo de Cristo Rey. Diez años después, el instituto se sigue llamando Las Encinas, un nombre que no gustaba a nadie, que no era el que yo quería (Ontiveros), pero tampoco el que no quería. Fue una especie de acuerdo de mínimos en una reunión de un consejo escolar tenso y eterno.
Pues sí. Mi adolescencia fue un poco así. Metido en estas historias mientras mis compañeros de clase iban a meterse mano a las obras de las casas de las urbanizaciones que se empezaban a construir por todo el perímetro del pueblo. Tampoco acababa de encajar del todo en la pandilla en la que quizá me tocaba estar, la de los buenos estudiantes y demás, por razones más de 1997 que de 1998. No es que no saliera con ellos. A veces quedábamos en casa de alguno a hacer listas de las más guapas de la clase (o las más feas o las que tenían más tetas) o nos saltábamos la tapia del colegio para jugar al fútbol o íbamos al cine. Recuerdo los llantos desgarrados de las niñas cuando Leonardo DiCaprio salía en pantalla en el estreno de Titanic. A mi me gustaba Cati, ella lo sabía y lo sabía todo el mundo, con las consecuentes y contínuas burlas porque, según todos, “se me caía la baba”.
Mi tocayo Juanlu Fuentes empezaba a despuntar como pequeño empresario y nos vendía cds piratas a 300 pesetas, que quemaba uno tras otro en su primer ordenador con grabadora. También tenía su propia página web, que sigue activa. (Actualización: ¡yo también tenía una!). Junto con Teo, eran ‘los que sabían de informática’. Una vez, los mamones me instalaron un programa en mi ordenador para poder manejarlo desde los suyos… imaginaos mi cara cuando en ratón se movía sin yo quererlo o la bandeja del CD se abría sola. Por cierto, yo también tuve una grabadora, en mi pentium 166, que estrené grabándole a Lydia E.B.S. Lydia. Ella ya tuvo su post aparte. Era y es mi mejor amiga desde niños y me es imposible recordar las cosas que hicimos en 1998, porque nuestro universo común iba a un ritmo diferente al del resto, con su propia cronología.
Y no sé si fue aquel año cuando empezamos a convencer a los padres de alguno para que nos recogiera en la puerta de la Milenio, la discoteca de los bajos del Pabellón de los Descubrimientos de la Expo donde entrar costaba 300 pesetas (200 los viernes) y te vendían la botellona dentro, con su cubo y todo. Allí se liaba parda con Gala, Sonique y sobre todo con aquello de “say Oh la la, k’mon, k’mon“. Aunque la banda sonora de mi adolescencia, de aquel 1998, fue La memoria de los peces de Ismael Serrano, donde econtraba una canción para cada parte de mi personalidad o mi estado de ánimo. Sonaba una y otra vez en el discman que me dejó mi tía una vez y nunca le devolví.
Ismael Serrano cantaba para mí eso de “y la vida me parece una fiesta, a la que nadie se ha molestado en invitarme” porque en esencia me sentía bastante solo. Evidentemente no era por voluntad propia, así que a lo que me dedicaba era a buscar refugio. Me lo dieron buenas personas con las que tenía poco en común pero con las que surgió la confianza: sobre todo José Carlos, Dani, Jaime o Ale, que me llevaba por las mañanas al instituto en su vespino…
Me lo dió el baloncesto, al que había empezado a jugar en Gines y después federado en el Club Natación Sevilla. El baloncesto me gustaba y, aunque no fuera ningún Jordan, me sirvió para divertirme, para tener algo que hacer 4 veces en semana y sobre todo para coger una forma física con la que dejé de ser un ser descordinado. La actitud esa de “ey, tío, yo sí que molo, mira mis zapatillas de Kobe Bryant” tan frecuente en el mundillo del basket no me terminaba de convencer, pero pasé buenos ratos.
Aunque por encima de todas las cosas, lo que me dio refugio fue la radio. Horas y horas y horas de radio. De despertador, mientras iba al instituto, mientras volvía, mientras ponía la mesa, mientras comía, mientras estaba tumbado en el sofá, mientras jugaba al ordenador, después de cenar, mientras me quedaba dormido, mientras dormía.
El primer post de este blog es una transcripción literal de un ejercicio de francés que hice en clase, precisamente en 1998:
Je me réveille avec la radió à sept heures vingt et je me lève à sept heures et demie. Puis je me lave et je m’habille. Aprés, je prends le petit déjeuner et je m`en vais au lycée. Lá, je m’ennuye un peu mais et je m’ amuse de temps en temps. Puis, dans ma maison, je mange pendant que j´ecoute la radio. Aprés le déjeuner, je regarde la TV, je fais les devais et je contiue á écuter la radio. Puis, je sort avec mes amis. Je continue á ecouter la radió. Aprés, je regarde la tv et Je dîne. Finalement, je me couche pendant que je écotute la radió.
Lo que había empezado siendo una afición normal al Carrusel Deportivo y a El Larguero, se convirtió en una adicción total a toda la programación de la SER. Me sabía todos y cada uno de los nombres de los redactores de deportes, por provincias, y reconocía su voz. Me sabía vida y obra de los colaboradores de La Ventana y predecía de memoria el órden de las secciones de Hoy por hoy. 1998 fue el año en el que me cagué en la calva de Zubizarreta y me contagié del anticlementismo de De la Morena y compañía, aunque desarrollando ya cierta crítica. Por supuesto, continué con la afición que ya arrastraba de pequeño de narrar los partidos del PC Fútbol, al que estaba totalmente enganchado y en el que gané la Champions con el Alcoyano, por aquello de la moral.
Pocos amigos, baloncesto y radio. Así visto, 1998 no tiene pinta de haber sido el mejor año de mi adolescencia precisamente. Sin embargo, la clave estaba en el verano. 1997 me había regalado 15 días en un campamento de baloncesto que cambiaron la vida: me convertí en el gran líder del lugar y hasta las chicas me nombraron ganador la noche en la que organizamos un “Uno para todas“. Y me besé con Rocío el último día. No era mi primer beso, pero sí el primero de verdad.
Sentí que gustaba siendo como realmente era. Y pensé que quizá no fuese tan, tan genial como me hacía pensar aquella gente, pero seguro que tampoco me merecía tan poco como me hacían pensar otros. Aquella experiencia me dotó de un arma que es de doble filo pero que me permitió aguantar hasta llegar a la facultad: confianza en mí mismo.
El verano de 1998 fue la confirmación de lo anterior, el epicentro del terremoto que ya se había comenzado a sentir. Campamento en El Bosque (Cádiz). He estado releyendo cosas que escribí sobre aquellos días y se me ponen los pelos de punta. Allí me encapriché de Eugenia - aunque cometí la torpeza de tirarle los tejos a su mejor amiga - con la que estuve carteándome durante años posteriormente. Las cartas con Eugenia eran como fue nuestra relación durante el campamento: yo le dedicaba páginas y páginas y páginas de mi mejor literatura para intentar conquistarla y ella me respondía con otro tocho de hojas pero, eso sí, en las que me decía lo que me quería “como amigo”.
Y fue también en El Bosque donde encontré a Pablo, que se convertiría en mi mejor amigo, con la suerte de que veraneaba en el mismo sitio que yo: Torre del Mar (Málaga). Mis veranos en el pueblo donde se criaron mis abuelos dejaron de ser aburridos. En Torre del Mar, junto a Pablo, me pasaba el día con Álvaro, Maider y Mar y salíamos con más gente todas las noches por El Copo, la zona de bares junto al paseo marítimo. Ahí empezaron a caer mis primeros Martinis y Licores de manzana con Sprite (sic) y los pio-pio (chupitos de tequila con tabasco), que fueron pronto sustituidos por el vodka.
con Pablo, Mar y Álvaro
Y por allí también apareció Virginia, madrileña, un par de años mayor que yo, con la que descubrí las bondades de la playa por la noche y con la que estrené mi aparato de los dientes (o por qué creías que no sonrío en las fotos, jeje). Virginia me dejó a los pocos días por Álvaro. A nosotros aquello lejos de atormentarnos nos divertía mucho. “Mejor que me pasen estas cosas a que no me pase nada; me siento vivo”, le solía decir a Pablo. Al cabo de las semanas, cuando ya había vuelto a Madrid, Virginia llamó a Álvaro a una cabina y le dijo que no, que se había dado cuenta de que le gustaba yo. Después de un par de episodios más, nos convertirmos en buenos amigos.

Aquel mes en la playa hice las cosas que uno hace en la playa pero que eran nuevas para mí: sol, comer, piscina, siesta, mirar, mirarse, café con bayleys, billar, vicio total a la maquina multijuegos (trivial, encuentra las diferencias, etc), playa, cena, bares, ligar… ¡Y Álvaro me invitó a montarme en moto de agua!Los libros de aquellos meses fueron, como toca por la edad, existencialistas: El mundo de Sofía y Niebla de Unamuno. Me hice una cinta con las canciones de ese verano: You belong to me, Fatboy Slim, Faithless, Pájaros de barro, Fresones Rebeldes, There is a train de Undrop, Papá cuéntame otra vez… Descubrí que había heredado el oído de mi madre y no de mi padre (eso es bueno), que me gustaba bailar y que a mis amigas les gustaba bailar conmigo.
Había nacido una nueva persona: Epi. Alguien en el campamento del 97 me llamó Epi (por el jugador de baloncesto) y se me quedó. Ese alguien vino conmigo al campamento del 98 y se expandió el mote. Y así, exponencialmente, fueron llamándome Epi gentes diferentes de lugares y ciudades diferentes, amigos de amigos. Pablo y sus amigos, Virginia y sus amigos, Eugenia y sus amigos… tanto es así que, muchos años después, ya en la facultad, empecé a salir con una chica de Tomares (amiga de una amiga de una amiga) que aún me llamaba Epi. Es un nombre bastante ridículo, sí, pero que yo asocio a momentos de felicidad.
A la vuelta de la playa, fue todo más fácil. Aunque en el instituto todo fuera igual, algo mejor quizá, yo ya tenía otro mundo paralelo, el mundo de Epi, lleno de amigos y recuerdos de los que hablar, millones de cartas que escribir y ciudades que visitar. Ese mismo año quedamos unos cuantos en Granada (donde vivían Pablo y Eugenia) y fue fantástico; fuimos a un concierto de Molotov (¡viva México cabrones!) y visitamos La Alhambra, como se ve en la foto.
con Pablo, Eugenia, Sandra y Marta
1998 también fue el año en que comencé dar clases de inglés y a hacer teatro en el instituto, obras por los pueblos de Sevilla representando a Lorca en su centenario, con un profesor que estaba bastante chiflado. El mismo que nos ponía a hacer la conga para deshinibirnos y así aprender a hablar francés, de cara al intercambio que íbamos a hacer con Vauvert al año siguiente y al que pertenece esta foto. Fue el año de las primarias, que también me cambiaron indirectamente la vida y la forma en la que la alguna gente me mira.
Y luego hay capítulos aislados… Sé que las Nocheviejas del 98-99 y del 99-2000 las pasé en La Cuadra, una tasca abandonada que alquilábamos 15 días en Navidades y donde Juanlu Fuentes montaba una discoteca y pinchaba toneladas de mp3 desde un ordenador conectado a unos altavoces gigantescos, lo que se convirtió en la gran atracción de todo el pueblo. Allí se bebía Vat69 y después nos íbamos a los locales de otras pandillas, donde terminábamos fatal. Aunque creo que no tan mal como el día en el que le robé un Ducados a mi madre y me lo fumé en la calle… casi no vuelvo del morao que cogí.
Después de darle muchas vueltas, no me encaja qué nochevieja fue la que me puse traje de chaqueta por primera vez, camisa roja, y nos fuimos a casa de un colega 6 personas: 3 parejas. Aquello era un hormonódromo. Yo estaba con una chica del colegio de Las Irlandesas de Bami que llevaba ese collar de rejilla apretado al cuello que se llevaba entonces. Era hermana de la novia de José Carlos y, bueno, recuerdo que todo empezó mientras sonaba Aprendiz de Malú en el Pub Tanaka de Gines y terminó apenas 2 o 3 meses después, porque no pegábamos ni con cola.
Y entre unas cosas y otras, 1998 se fue terminando antes de que llegara un 1999 moderado, en el que me fui de intercambio a Francia, me tragué los Mundiales de Atletismo, seguí babeando por Cati y por Eugenia y le dí la última oportunidad a la Iglesia apuntándome a un campamento de monjas para hacer el Camino de Santiago. También fue cuando comencé en la radio, presentando un programa de radio semanal en Radio Camas, con Teo, Gonzalo y Juanlu Fuentes.
1998 había sido el año de Epi. El año en el que descubrí que yo me merecía mucho más de lo que había estado recibiendo. El año en que lo recibí.
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Después de este eterno relato, sin exigir que lo hagan tan largo o tan personal, le paso el testigo a:
¿Dónde estábais vosotros en 1998?
14 Comentarios to “1998 - el año en que nació Epi”
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Alguien, un día, decidió montar un algo cultural. Ahora 10 años después tú y todos los que habéis contestado al MEME… wow! no tengo palabras. Así que sólo me queda dar las gracias por compartir tus momentos con los demás… y creo que a mi ya me toca escribir el mío
Tengo muy mala memoria para todo lo que sucedió antes de los 16 o 17 años, pero si ese fue el año (curso) que te conocí, en cierto modo también nací yo.
Enormes abrazos, amigo. Hermano.
epi-juanlu, estoy muy emocionado después de leer tu post, muchas gracias, de verdad…
ahora entiendo por qué te pegaste un finde escribiendo tu 1998… has buscado en cada rincón de tu cabeza!!!!
no sé porque me da que este año, lo mismo tb es un año Epi!!
genial leerte con 10 años menos y sin aparatos!
Recojo encantado el… bueno, eso que me das y que no tiene nada que ver con mi nick
Me pido mención especial a la mejor taxista de tu verano del 98.
Y encima robándome tabaco! no te digo
Madre mia!!. Para no tener memoria no veas si te acuerdas de cosas…
Después de leerlo me quedo con la sensación de ser la bruja malvada del oeste(es lo que tienen esas edades). Pero ese verano estuvo muy bien.
Y después de bastantes episiodios, creo que si hemos conseguido ser buenos amigos.
Gracias por permitirnos conocerte hace diez años a los que llegamos después a tu vida. Un placer, como siempre, leerte y conocerte
Como dice Patricia, gracias. Hay que joderse con la memoria que tienes! Yo intentare ejercitar la mia. un abrazo
Cada vez que leo un meme me doy cuenta de que ninguno de nosotros ha cambiado, al menos muy poco. Todos éramos como ahora pero quizás aún más auténticos!
Me he emocinado mucho leyendo esto, no sabía que habías representado obras de Lorca!!! pero bueno!
Me alegro mucho de que hayas participado en el meme, no podría haber sido de otra manera.
Muchos besitos!!
A mi lo que me flipa es que hayáis tenido la paciencia de leer hasta el final!!
LaBámbola… ¿cómo que éramos como ahora? Me estás diciendo que soy “lo que viene siendo el clásico pardillo lacio de un metro noventa y con un punto repelente”??
Puede que sí.
besitos!
Bueno…que te digo yo??que yo viví ese verano del 98, que para mi fue también uno de mis mejores veranos por no decir el mejor. Mientras que lo leía me ha entrado mucha nostalgia, por no sber de la gente, por no tener contacto ni poder verlas…me encantaría que nos reunieramos y ver como hemos cambiado o como hemos evolucionado….Pero sobre todo, me encantaría que volvieramos al verano del 98. Gracias por hacer ésta página Epi, para mi siempre seras Epi!!!
Un besazo. Raquel.