La instrumentalización de lo íntimo
Published by juanlu Septiembre 30th, 2007 in link&think.El trabajo ya no es un intercambio de tiempo por dinero, sino más bien de alma por dinero, cada uno convertido en “empresario de sí mismo, gestionando su Yo-marca” (Santiago López Petit). Un baile de máscaras en condiciones de precariedad, competencia de todos contra todos, inseguridad, invisibilidad, infantilización, jerarquía, control… El consumo ya no es un sistema de necesidades dirigidas autoritariamente desde arriba, sino la sofisticada construcción de personalidad que cualquiera puede contemplar en la publicidad. Lo que se nos oferta ya no es tanto un objeto, como una experiencia, un estilo de vida, una autenticidad.
La lucha se vuelve más difícil porque el enemigo está en mi casa y yo estoy en la suya. Cuando trabajar quería decir “harás lo que yo quiero que hagas”, la huelga general respondía “no lo haré” deteniendo la producción. Pero cuando trabajar significa “serás lo que yo quiero que seas”, ¿cómo se interrumpe esa producción? ¿Cómo hace uno huelga de sí mismo, de su Yo-marca? ¿Y cómo se vinculan y se organizan las intimidades heridas? La única certeza que tenemos es que todo ello requiere otros lenguajes, otros tiempos, otras estéticas que no son las de la política (pero sí las de lo político).





Mi percepción del trabajo no es la de un simple intercambio de tiempo/conocimientos por dinero. Me gusta lo que hago y el trabajo es el medio para desarrollar mis potencialidades. No hay mascaras, imposiciones, no me siento prostituido. A partir de allí me parece falsa la base sobre la que se construye esta reflexión de Amador Fernández-Savater.
Seguramente ‘J’ sea un caso afortuna, no sé si consciente o no de ello. Dicen que las excepciones confirman las reglas. Pero realmente son miles de personas las que son arrastradas por la corriente reflejada en este comentario. Somos el objeto mismo del consumo, no consumidores.
lo triste es
perdón…
decía que lo triste es que SER sea igual a TRABAJAR…
fmop: si, me siento afortunado y me imagino que hay muchas personas que se sienten a gusto con lo que hacen. Esa sensación (felicidad?) no significa vivir en un mundo color de rosa. Cada día trae sus problemas y quebraderos de cabeza. La reflexión que nos ocupa lo que pinta es un panorama donde todos somos instrumentos de lo que hacemos, y no lo veo. Podría ser una cara de la moneda, pero hay más.